Creo que la gente que termina, entrando a éste tipo de organizaciones, cómo lo es una secta, son personas a las que las fuerzas y las esperanzas los han abandonado.Además es tal el lavado de cabeza que les hacen que piensan que la opción de estar y permanecer a ese lugar es lo mejor.A mi parecer es gente desesperada por pertenecer, a otro tipo de sociedad, tal vez son rechazados por ésta y buscan formar una nueva, en donde sus creencias son reales y no son mal vistos, por abusar sexualmente de otra persona, miembro también de ésta nueva organización, sociedad, o cómo quieran llamarla.

Los movimientos sectarios, las sectas destructivas, no tienen que ver con religión, espiritualidad, auto-ayuda, crecimiento personal, política, impulso de cambios sociales, rebelión anti-sistema, éxito económico-social ni nada parecido mas que de una forma puramente tangencial.
No son sus creencias y dogmas lo que definen a una secta como destructiva, ni sus aparentes u ocultos objetivos: es la agrupación en sí misma, su disociación de la realidad, ya sea bajo
una influencia psicótica como por un férreo control psicopático, lo que las convierte en muy peligrosas.
Paradigmáticos son los casos de gurús como Ron Hubbard, David Koersh, Maharishi Mahesh, Joe Smith o el “juez” Rutterford, porque en ellos los límites entre psicópata y psicótico son difíciles de establecer. Todos ellos combinan una absoluta falta de piedad y empatía con delirios típicamente psicóticos, como paranoias persecutorias y atrincheramiento frente a su imaginario “enemigo exterior”. En algunos se dan claramente los síntomas de una psique enfermiza totalitaria, provocando estructuras de pensamiento piramidal sólo comparables al nazismo y comunismo, que reflejan las similitudes entre esos personajes y anteriores gurús como Hitler o Estalin.
El pensamiento m
aniqueo tampoco debe aplicarse para definir a éstos falsarios, bien al contrario, el maniqueísmo es una fuente de sectarismo y la vía para analizar la realidad pasa por encontrar los grises en un mundo donde, en realidad, no hay blanco y negro.
Hay sectas destructivas en todas las religiones conocidas, desde el catolicismo al islamismo, budistas, hinduístas o protestantes; pero también entre movimientos políticos, hoolligans deportivos, medicinas alternativas, sistemas piramidales de negocio, auto-ayudas diversas o cualquier actividad humana.
CEIS.
Un caso aterrador lo protagonizó el Centro Esotérico de Investigaciones (secta CEIS), cuyo gurú, Vicente Lapiedra Cerd
a, saltó a las portadas de los periódicos por múltiples juicios acusado principalmente de estupro. Lapiedra y sus secuaces abusaban de niños de los que eran, además, maestros. Implantados en Barcelona, al parecer siguen activos mediante ardides ocultistas, combinando esoterismo e hipnosis, provocando mediante coerción una dependencia homosensual en menores y una total sumisión de adultos a los que obligan a mantener todo tipo de relaciones sexuales.










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