Alguna vez te preguntaste cómo sería poder asistir a tu propio funeral? qué diría la gente de tí, cómo te recordaría?
Bueno, un hombre llamado Al tuvo esa única oportunidad de hacerlo. Al hacerlo, no le importó mucho lo que los demás dijeran de él.
Fue en 1888. Un periódico francés publicó un obituario cuando el hermano de Al murió, pero erróneamente lo citaron a él, y él no lo corrigió de inmediato. Le encantó la idea de enterarse qué dirían de él.
Un reporte periodístico lo condenó a él y a sus invenciones como fuentes de horror y destrucción.
Bueno, Al quedó shockeado y mortificado con esto de que la gente creyera eso. Así que para salvar su honor y el de su familia decretó que su fortuna fuera dedicada a premiar a las personas que contribuyeran a la paz y bienestar de la sociedad.
Su fortuna, hecha en base a la venta de todo tipo de armas y explosivos, fue usada para la creación del legado de Alfredo Nobel, el Premio Nobel de la Paz.
Admitamos que la mayoría de nosotros no tendrá la oportunidad de dejar semejante legado para la humanidad, pero debemos tener presente que nuestras creaciones en Flash tienen el potencial de existir en formato digital por siglos después de nuestra existencia…
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